Lo bueno de tener un Blog, entre aprender a escribir y otras cosas, es que queda escrito y no se pierde.
Antes de que se me olvide, (cosa que dudo, pero no vaya a ser) quería dejar apuntadas ciertas cosas:
Harishchandra Ghat de Benarés celebrando el Shivaratri, y a la vez con alguna pira en marcha.
Algo bueno, pero extraño para mí, pasaba en el ambientillo de Manikarnika Ghat.
Repito que no es un lugar indicado para plantarse allí según bajas del avión, hay que darle tiempo.
Como puse en la entrada que dedique a la maravillosa ciudad de Benarés, entre otras cosas, hay que esperar a que India regle la válvula reductora de la realidad (el cerebro) a su curiosa medida.
Pero aun así se hacía raro tras varias visitas observando a las gentes que allí había: familiares, niños, además de los que trabajan en el ghat como otras de paso etc. No les inmutaba la muerte con todo detalle (cadáveres ardiendo, cráneos estallando, cuerpos supurando como cuando quemas madera verde...etc y a menos de 2 metros, sin tapar). Y no solo era que estuvieran acostumbrados a ello, había demasiada tranquilidad, no había ningún tipo de miedo, aun siendo muchos conscientes en ese mismo momento de que ellos también serían ceniza algún día.
Esto no solo pasaba con la gente de India con el tema de la muerte, si no en muchos más que no podría enumerar.
Ante tal manera de asimilar la vida sin complicaciones, quedé con la pseudoteoría de que esta gente no había nacido para ser los "protagonistas de la película". Si no que la humanidad era la película y los seres humanos personajes secundarios, quiero decir: personajes secundarios que tienen fin, y la película (la humanidad) sigue.
Fue maravilloso ver la muerte como algo normal, implícito en la vida, triste pero no trágica y oscura. Vamos, de la manera opuesta a como la apartó el cristianismo aquí.
Eso si, hay un problema pequeño: si uno ha sido condicionado desde pequeño a ser "el protagonista", el hecho de asumir el fin realmente, no quita todos los miedos. Queda quizás el temor al paso del tiempo, la prisa, ese miedo de querer hacer cosas antes de que este pase.
Dos años después me encontré con este video de Krishnamurti que sobre el minuto 56 empieza a hablar sobre este tema, y además de recalcar la incongruencia de la conciencia individual, cita el término que me ha dado a entender mejor algo que tiene que ver con la parrafada de arriba: conciencia de la humanidad.
Para el mundo de los ciclos a pedal con ruedas aquí dejo también otra cosa que no quiero que se me olvide:
Ludhiana, Punjab. Allí está la fabrica de Hero cycles. Se fabrican cuarenta mil aros de llantas y veinte mil bicicletas cada día que surten a diversos países de todo el mundo.
Me fui directo a la cabina de control de la entrada y pregunté si me dejaban pasar, se me ocurrió enseñar una pegatina del Blog como pase y se la llevaron a "examinar" a la oficina. Esperé unos minutos bajo las miradas de los militares que había. Cuando uno está en India se ven muchas cosas, pero la cosa que más resulta observada y más curiosidad causa es uno mismo.
Salió un hombre de la oficina y me dijo que lo acompañara. Me guió por toda la fábrica enseñándome el proceso y detallandolo con cifras y demás (eso si, no se podía hacer fotos).
Nunca he estado en una fábrica de bicis. Supongo que esta era de lo más normal. Lo único que justo en ese instante sonó una sirena anunciando la hora del te, y unas luces de colores como las de las atracciones de ferias, se encendieron alrededor de una imagen de Shiva que había sobre la pared de la cinta transportadora cubierta donde se pintaban automáticamente los cuadros.
Camión Tata cargado con partes de cuadros a la entrada de la factoría.
Me fui directo a la cabina de control de la entrada y pregunté si me dejaban pasar, se me ocurrió enseñar una pegatina del Blog como pase y se la llevaron a "examinar" a la oficina. Esperé unos minutos bajo las miradas de los militares que había. Cuando uno está en India se ven muchas cosas, pero la cosa que más resulta observada y más curiosidad causa es uno mismo.
Salió un hombre de la oficina y me dijo que lo acompañara. Me guió por toda la fábrica enseñándome el proceso y detallandolo con cifras y demás (eso si, no se podía hacer fotos).
Nunca he estado en una fábrica de bicis. Supongo que esta era de lo más normal. Lo único que justo en ese instante sonó una sirena anunciando la hora del te, y unas luces de colores como las de las atracciones de ferias, se encendieron alrededor de una imagen de Shiva que había sobre la pared de la cinta transportadora cubierta donde se pintaban automáticamente los cuadros.
Nada máis.
